Camino del Rocio (19-20 de Oct)
Aún era noche cerrada, salía de casa con el nerviosismo de un nuevo reto pero este era doble un reto físico una ruta de 51 kilómetros en dos días en un terreno que desconozco y otro gran reto interior compartir camino y experiencias con gente que no conozco, personas con creencias fuertes y arraigadas con las que quizás no tenga mucho en común.
Nada más acercarme al lugar de encuentro uno de los retos fue poco a poco quedando en el olvido pues me encontré con un gran grupo de compañeros que se esforzaban en hacerme sentir uno más de ellos, ofreciéndome de antemano ayuda y recursos.
El día ya clareaba con un plomizo azul que no nos permitía pronosticar un día soleado, cuando comenzamos a embarcar en el viejo (y caro) remolcador que nos habría de cruzar el río Guadalquivir hasta pisar tierras onubenses.
Durante el trayecto nuevas caras, conocidas y no conocidas, seguían alentado y comentado el futuro recorrido que nos quedaba.
Tras una parada donde el grupo realizó una breve oración comenzó "el camino", cada uno a su ritmo y poco a poco la mancha de peregrinos fue esparciéndose hasta convertirse en una delgada hilera donde cada uno debía luchar para que el cansancio no le impidiera contemplar la grandeza del Parque Nacional de Doñana.
Tras una parada donde repartieron bocatas a todos en Marismillas continuamos el camino, casi sin darnos cuenta el "tranquilo" camino fue dando paso a largas pistas de arena donde teníamos que decidir cada paso a dar para no perder el ritmo con resbalones, tropiezos o simplemente perder grandes dosis de energía en andar por arena totalmente suelta donde cada píe se enterraba a cada paso.
Durante todo el recorrido un grupo de voluntarios iban ofreciendo agua, bocadillos, fruta ... 26 kilómetros más tarde llegamos a unos pinares donde "paramos" a comer, entrecomillo paramos pues como cada uno llevaba ritmos distintos cuando uno llegaba otros partían y nosotros dedicamos 15 minutos a comer pues desconocíamos cuanto quedaba de camino, sólo sabíamos que a las 7 de la tarde un coche recogería a los que no hubieran llegado pues no se podía estar por la noche en el parque. Por supuesto yo no quería sufrir la derrota de tener que subir al "coche escoba" y tras el rápido descanso nos lanzamos a ciegas por las pistas de arena hasta descubrir que "sólo" nos quedaban 8 kilómetros.
Nuestra alegría fue en aumento al llegar a Palacio sobre las 17:15 y poder descansar, me volvió a sorprender la infraestructura y la buena organización, una vez llegados nos ofrecieron agua para lavarnos, café ... y al caer la noche un espeso y contundente caldito.
No faltaron de nuevo las ofertas de compartir mesa y bebida con los múltiples grupos que se fueron formando, pero los treinta y tantos kilómetros por arena, la temprana hora a la que había comenzado el día y los entrecortados chaparrones que comenzaron a caer me hicieron recogerme pronto al abrigo de mi tienda de campaña y sobre las ocho y media ya tenía colgado el cartel de no molesten.
Si ayer amaneció pronto hay más, es increíble desde las 6 de la mañana algunos decidieron empezar ya el tramo final del camino después de compartir café y palmeritas y la oración de los rocieros, con la linterna en la mano comenzamos el último tramo, una interminable pista de 18 kilómetros de arena en muchos tramos cuesta arriba y más arena. No existía zona donde el terreno estuviera un poco más transitable sólo arena suelta. Pero de nuevo toda penitencia tiene su premio y este vino de la mano de uno de los más impresionantes amaneceres que he tenido el privilegio de disfrutar donde se unen la bruma, el rocío y los primeros rayos de sol, para gastar todos los matices de rosas y naranjas que podamos imaginar.
La luna llena no pudo perderse el impresionante amanecer.
Pero el camino "La Raya" seguía impasible ante nuestro cansancio acumulado, incluso algunos lugareños quisieron unirse a nuestro peregrinar.
La raya seguía dándonos trabajo pero gracias de nuevo a los voluntarios este trabajo fue un poco menos pesado y la interminable raya de arena poco a poco fue quedando atrás.
Una de las virtudes de este camino es descubrir que aunque veas algo no significa que lo tengas a tu alcance pues divisamos la esperada aldea del Rocio y su ermita varios kilómetros antes de llegar a ella, lo que produjo alegría al principio que al rato tornó en desazón pues aunque avanzabamos la aldea seguía lejana como si alguien la estuviera alejando para mantenerla siempre a la misma distancia.
Cómo no hay mal que cien años dure el paisaje desolado dio paso a un pinar donde esperamos y nos agrupamos para entrar todos juntos triunfantes, cansados y orgullosos para rendir pleitesía a la Reina de las Marisma objetivo único de los peregrinos.
Mi experiencia personal es la dureza del camino donde no sólo luchas contra el cansancio físico sino también contra el psíquico pues en algunos tramos estuve a punto de subirme a alguno de los múltiples coches de apoyo pues no paraba de repetirme "¿que pinto yo aquí?, ¿qué necesidad tengo de esto?..." y es algo que es la primera vez que me pasa el tener que luchar contra un "muro mental" y contra el agotamiento físico.
Para terminar quiero agradecer al Hermandad del Rocío de El Puerto de Santa María primero el acogimiento que me dieron y segundo la oportunidad de compartir con ellos esta experiencia única.

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