Paseando por las Highlands

Este verano decidimos hacer una escapada "sin niñas" y nos embarcamos en un viaje a través del tiempo y de la cinematografía hacia Escocia cuna de grandes guerreros, grandes gestas, increíbles paisajes y el kilt.

Salimos el martes 15 de Julio del aeropuerto de Málaga en dirección Glasgow, una vez allí alquilamos un coche que iba a ser nuestro Kelpie (caballo acuático mitológico que vive por las Highlands) pero sin las connotaciones asesinas de este cuadrúpedo.

Aún con la tensión de conducir por el lado contrario el corto viaje hasta la ciudad se nos pasó en un suspiro y tras un rápido check in en el hotel salimos a descubrir Glasgow, o al menos lo que nos diera tiempo a ver. En una apacible tarde pudimos visitar su centro, la catedral e incluso pasear por la ribera del Clyde river y descubrir una estatua dedicada a la Pasionaria.
















Aunque algo decepcionados por la arquitectura, algo modernista respecto a lo que nos esperábamos este primer día nos fue abriendo el apetito de saber y conocer y también ayudó a hacernos un poco el oído pues costaba dios y ayuda entender el peculiar inglés que hablan en Escocia.

El miércoles se despertó expectante pues íbamos a conocer al famoso Sir Willian Wallence, heroico cabecilla de la rebelión contra los ingleses. Nos dirigimos hacia Stirling y a la entrada paramos para visitar la Bannouckburn battle donde la lluvia nos hizo persistir de seguir visitando este campo de batalla. Ya en Stirling visitamos el castillo que lleva su nombre, este sufrió un fuerte asedio por las tropas inglesas de Eduardo I y es donde se utilizó por primera vez a Warwolf, el mayor fundíbulo (especie de catapulta) que se ha construido. Dejando al castillo bastante afectado. Desde the castle hill se aprecia imponente el monumento a Willian Wallance que por supuesto luego visitamos.















Después de un reponedor almuerzo salimos hacia Fort Wiliam pasando por Loch Lomond donde sus increíbles vistas y sus 37 km de largo nos permitieron disfrutar de un camino que sólo la persistente lluvia y el estado en obras de la carretera pudo poner una pequeña nota negativa.







Llegamos a Fort Wiliam ya tarde, pero la visión de la casita donde nos alojábamos nos hizo despertar, pues la ubicación a orillas del Lonch Linnhe y su arquitectura nos hizo viajar a tiempos victorianos, al entrar vimos que la dueña iba perfectamente con el edificio una anciana que con su hablar tranquilo y pausado consiguió reconciliarme con mi inglés. 





Después de tomar la cena decidimos probar los licores locales, algo fuerte para nuestros iletrados paladares, pero en fin a estos sitios se viene a sufrir...




El jueves nos levantamos temprano para disfrutar de la otra parte del Bed&Breakfast y partimos hacia Fort Wiliam city pero antes de pasear por sus calles decimos realizar un paseo en barco por sus costas mientras nos explicaban (en perfecto escocés) las peculiaridades de la zona y sus piscifactorías de salmones y mejillones.







Después de este paseo en barco decidimos seguir por paseo "laguítimo" (no es ni mar ni río) hasta llegar a la estación de trenes y llegar al punto de información donde nos orientaron para una pequeña pero muy recomendable ruta que íbamos a realizar The Steall waterfall, decidimos comprar chacina (ojo con los ahumados que por aquí son muy comunes y nuestro paladar los rechaza) y comer unos bocatas durante la ruta. Después de un par de fallidos intentos encontramos el camino correcto, que no bueno, por que tal y como nos habían informado el camino cada vez se hacía más estrecho hasta quedar convertido en una senda de un carril con ensanches cada 10 yardas para cruzarse los coches.

Las dificultades de la carretera pronto quedaron en anécdota cuando comenzamos el fácil y corto paseo hacia hacia las cataratas, Water of Navis nos acompañaba a nuestra derecha al principio era un rumor lejano en el valle profundo y poco a poco conseguimos ponernos a su cota en un amplio valle donde como en un lienzo colgaba la catarata Steall.








Aún nos quedó tiempo para pasear tranquilamente por Fort Wilians e irnos a cenar a la otra orilla del lago a un restaurante marinero que nos recomendó nuestra amable casera donde una simpática sevillana nos atendió más que bien y por fin pudimos pedir con la tranquilidad de que sabíamos que nos iban a servir. 



El viernes abandonábamos nuestra casa del lago para salir rumbo hacia las Islas Skye pero como siempre teníamos que exprimir al máximo el recorrido y el día. Este día de camino lo utilizamos para adentrarnos en el mundo de Harry Potter, visitamos el tren Jacobite y el famoso (cinematográficamente hablando) acueducto de Glenfinnan y el Loch Shiell.









Seguimos nuestro camino bordeando distintos lagos, haciendo distintas paradas hasta llegar a Mallaig donde esperamos visitando esa ciudad pesquera la llegada del ferry que nos llevaría a las Islas Skye, siguiente parada en nuestro camino. 





Hicimos chek in en el hotel y aprovechando las abundantes horas de luz nos lanzamos al inalcanzable objetivo de conocer la isla en una tarde, pero sólo nos dio tiempo de pasear por la parte más occidental de la isla e irnos con un sabor agrio de lo que nos habíamos perdido. Pero bueno debemos aprender a disfrutar de lo que se tiene y pudimos contemplar impresionantes cascada, Old Man of Storr, el impresionante acantilado de Staffin pero por la hora no pudimos visitar el museo con las huellas de dinosaurios jurásicos. Aunque sólo el tardío atardecer, sobre las 23:00h, merece todo el paseo y la espera.















El sábado se levantó nervioso era el día más misterioso del viaje nos íbamos a adentrar en el lago Ness. Aunque siguiendo nuestra rutina no dejamos nada por visitar en el desplazamiento de un punto a otro. Nada más cruzar el puente que une la isla Skye con Escocia nos encontramos con el castillo de Eilean Donan uno de los más cinematográficos de Escocia (Los inmortales, entre varias).




Con la mente puesta en Nessy seguimos avanzando las millas que nos faltaban hasta llegar al Castillo de Urquhart, donde los restos de un pasado glorioso se nos ofrecían para nuestro divertimento. Después de disfrutar del Castillo, de las vistas al lago (Nessy estaría de vacaciones), de una imponente catapulta y de unas actuaciones decidimos seguir hacia el pueblecito de Drumanadrochit que visitamos y paseamos por su centro de Exhibición e interpretación del lago Ness. Donde en los carteles exteriores aseguraban que Nessy no era una leyenda sino una realidad científica. 





Aún molestos por la actitud esquiva de Nessy ante nuestra cámara decidimos continuar hasta la preciosa ciudad de Inverness donde esta vez nos recibió la lluvia de una manera poco amable. Pudimos capear medianamente el temporal paseando por fuera del Castillo de Inverness fotografiando la ciudad bajo la lluvia y la lejana  St Andrews Cathedral enmarcada en su entorno. Cuando la lluvia se cansó pudimos hacer una rutita turística que nos habían recomendado paseando tranquilamente por las márgenes del río Ness, pero parece que la costumbre de hacer obras en verano nos es sólo ibérica y nos afearon el paseo andamios y desvíos. Como sábado que era si pudimos constatar de primera mano lo comedidos que son los escoceses celebrando el fin de semana.







El Domingo amanece con la rapidez de un día de vacaciones, salimos temprano pues queríamos coger todos los castillos abiertos (al final los pillamos cerrados por que abrían más tarde). Comenzamos con el cerrado Castillo de Brodie pero sus jardines nos permitieron un paseo para estirar las piernas de las pocas millas que habíamos recorrido.





Después encontramos la Dallas Dhu Historic Distillery una destilería visitable, pero como era domingo estaba sin trabajadores.



Los dos palos anteriores no mellaron nuestro ánimo y al pasar por el pequeño pueblo de Forres, nos llamó la atención su muy cuidado y florido Grant Park, con un emotivo y melancólico banco donado por Fred Bissett en memoria de su esposa Diana.





Después de esta joyita inesperada nos lanzamos con espíritu renovado hacia la Catedral de Elgin situada en la ciudad que le da nombre. Su tortuoso pasado de intrigas papales y objetivo en batallas la ha dejado como muestra de lo que el paso del tiempo hace con todas las cosas humanas y las tumbas de otrora personajes importantes e ilustres son motivo ahora de paseos y visitas profanas.



Siguiendo con el plan previsto nos acercamos a Spynie Palace construido por los obispos en el siglo XII y que como otras construcciones no ha superado el paso del tiempo. Lo mejor y por lo que merece la pena subir a la única torre en pie, las vistas.



Durante el camino volvimos a encontrarnos otras destilerías pero el hecho de ser Domingo nos fastidió el negocio.



Continuamos nuestro viaje hacia Aberdeen pero el hambre y el paisaje costero nos hicieron parar en el pueblecito pesquero del mar del Norte Cullen, después de una infructuosa búsqueda volvimos a comer el sempiterno fish&chips. Pero esto nos dio tiempo para pasear por el puerto pesquero y alrededores.






 Intentamos tomar café otro pueblecito costero Macduff pero el lugar que nos indicaron era como mínimo peculiar (una casa particular) y no nos decidimos.



Esta parada nos hizo llegar ya con el Museum of Scottish Lighthouses cerrado en Fraserburgh pero si pudimos tomarnos el cafelito y disfrutar de las abruptas vistas de la costa y de los envites del mar del norte de lo que nos daba muestra la gigantesca sirena para avisos de niebla.





Una vez llegamos a Aberdeen sólo nos dio tiempo para tomar unas pintitas y pasear por la calle principal donde nos encontramos un pintoresco monumento.





Bueno increíblemente ya era lunes hoy era un día fuerte de castillos visitaríamos el de Balmoral, donde la reina pasa sus veranitos al fresquito. Aunque como siempre intentaríamos que el camino también fuera parte del viaje y paramos para visitar el Drum Castle pero como en otras ocasiones lo encontramos cerrado (esta vez era temprano), pero pudimos visitar sus increiblemente bien cuidados alrededores y conocer algo acerca de su moradora Mrs Penelope Garden of Dalgety y su hijo.





Con la guía de nuestro GPS (leer yipies) llegamos sin ningún tipo de problemas a Balmoral y tras otra conversación escoces-español-escoces conseguimos entrar y hacernos con un audio-guía que nos fue dirigiendo e informando de los entresijos del castillo y sus jardines.











Pero el lunes sólo había empezado teníamos otros castillos que conocer y anécdotas que vivir. El camino desde el castillo de Balmoral hasta Edingurgo pasaba por una estrecha carretera de montaña que a pesar de la dificultad para conducir como ya estabamos más que adaptados pudimos disfrutar del paiosaje y los colores que se nos ofrecían. Al salir de esta carretera A-93 nos adentramos de nuevo por carreteras más amables pero menos vistosas hasta llegar al pueblecito de Blairgowrie y Rattray donde paramos a comer otros inevitables (sobre todo por la hora) fish&chips.



Con las energías recargadas volvimos al coche rumbo a St Andrews donde nos quedaban por disfrutar de dos increíbles reliquias del pasado su castillo pero sobre todo su catedral, donde reposaron los restos de San Andrés (St Andrews) que luego fue patrón de Escocia. Aunque los acantilados que les separaban tampoco les quedaban a la zaga.









Después de disfrutar del paisaje contemplar cormoranes conviviendo con gaviotas y pasear por la ciudad volvimos al coche para ya llegar a Edinburgh con la tristeza de saber que era la meta de nuestro viaje. Cuando llegamos a nuestro hotel (con la calle en obras, por cierto) era lo bastante tarde como para decidir quedarnos en él , reponer fuerzas para asaltar la ciudad y su castillo por la mañana temprano.

El martes se levanta triste, pero no podemos caer en el letargo Edimburgo merece toda nuestra atención y respeto. Comenzamos directamente por el Castillo con el mismo nombre que la ciudad, nos sorprendieron las largas colas para acceder y el ejercito escocés que vigilaba las joyas de la corona. Pudimos disfrutar de un cambio de guardia y de los restos de glorias pasadas.









Después de un par de horas largas de visita nos adentramos en conocer la famosa royal mile, agradable paseo repleto de tiendas pintorescas donde puedes comprar desde ropa (kilts por supuesto), whiskys o cualquier souvenir imaginable de mejor o peor gusto. Esta vez nos decidimos por comer unas baked potatoes y llegar al final de la milla donde esta el Palace of Holyroodhouse, pero este se encontraba cerrado al público por algún evento, aunque sabemos que la reina Isabel II tiene allí su residencia oficial. Seguramente se habría acercado a conocernos.







Después de descansar un rato nos adentramos en la otra arteria de la ciudad la Princes street y pudimos pasear por su parque visitar en el Scott monument una inmensa torre gótica erigida en mitad de una zona de construcción moderna, seguimos paseando para desviarnos a la derecha al final del parque y llegar a la Charlotte square, después de visitar esta zona decidimos acompañar a la gran cantidad de vagueantes que merendaban al sol tirados en el césped de los Princes Street Gardens y nos tomamos un café sentados a los pies del inmenso castillo que visitamos por la mañana.
Después de retomar energías volvimos sobre nuestros pasos para pasear por la Rose street famosa calle llena de concurridos pubs donde no tuvimos mas opción que parar a degustar unas pintas.









Para exprimir más el día nos llegamos hasta Calton Hill y contemplamos las espectaculares vista de Edimburgo que desde alli se contremplan y los monumentos que allí se encuentran The Nelson monument y National Monument of Scotland. Con la tristeza que durante el camino nos encontramos la Scottish National Gallery cerrada pero sabedores de que el avión partía por la tarde y podríamos visitarlo aunque fuera fugazmente el día siguiente.













El miércoles llegó la fecha de partir hacia la realidad y la rutina pero antes teníamos un par de cuentas pendientes con Van Goch y algunos pintores españoles de renombre el Greco, Murillo  entre otros muchísimos. Considerada una de las mejores del mundo nos transmitió una paz y una serenidad que nos hizo estar en ella más tiempo del que esperábamos.
Unas compras de última hora, una comida rápida en el aeropuerto un vuelo tranquilo y ya estábamos en Málaga donde la cruel realidad nos puso de nuevo en el día a día.


















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