Escapando al Algarve

Pues si, después de unos diitas con algunos problemillas familiares decidimos "quitarnos las miasmas" y despejarnos. Encontramos una muy buena oferta en Porches (Lagoa) y salimos el viernes 10 después de comer. Teníamos mucho que descubrir y mucho que probar.

Nada más salir comprobamos, desgraciadamente, que esta vez si se cumplían las previsiones meteorológicas y el dinero en ordenadores y radares estaba bien empleado.

Viajamos despacito, al entrar en Portugal tuvimos un ligero contratiempo: nos desvían a la derecha y nos encontramos varios coches en una especie de peaje, sin operario, leyendo y releyendo unas instrucciones bastante más que dudosas y mal traducidas. De los presentes ninguno se fiaba en meter su tarjeta de crédito en ese desolado lugar y yo tomé la opción de pasar del tema y saltármelo (que hagan ellos las cuentas y me la manden). Aunque nuestros compañero de viaje se arriesgaron y consiguieron una tarjeta que les iría cobrando al pasar por distintos  pesajes automatizados. Ya veremos si me llega algún regalito extra o no.

Entre mantas de agua conseguimos hasta llegar para la hora de cenar a un complejo de apartamentos Quinta das Figueirinhas muy cuidado y sorpresivamente bastante concurrido por extranjeros (ingleses, alemanes...), mientras esperamos a la otra familia inspeccionamos el lugar. piscina (que no pudimos usar), terrazas, restaurante claves de wifi... Una rápida cena en el apartamento y nos pusimos a planear el día siguiente pues estábamos decididos a ignorar los embates del tiempo.

El sábado amaneció temprano (en Portugal es una hora menos), triste y sobre todo expectante, nos íbamos hacia el punto más occidental, estaríamos en la barbilla de la península: El cabo de São Vicente. En este punto comienza el Golfo de Cádiz muriendo en el estrecho de Gibraltar, lugar de adoración en tiempo de los romanos.














Increíbles acantilados con alturas imposibles se nos regalaron ante nuestros ojos. La persistente lluvia nos hizo estar menos tiempo del que se merecía este lugar y tuvimos que "huir" hacia lugares más resguardados. Llegamos a Lagos acompañados de la persistente lluvia y bajo nuestros paraguas visitamos lo que pudimos y paramos pasa comer en un restaurante del que no pongo su nombre por que no me gusta hablar mal (tarde, poco y quemado).

















Pero el haber visitado el antiguo templo de Saturno nos congració con los dioses y la tarde se abrió al sol, con gran alegría empezaron a llegar pequeños botes a la dársena del puerto ofreciéndose para llevarnos a visitar sus costas, después del oportuno regateo nos adentramos en este monumento a la geomorfología costera con islotes, arcos, playas inaccesibles...














Aún sobrecogidos por lo que acabábamos de ver nos dirigimos hacia Praia dos Três Irmãos donde la oscuridad nos impidió fotografiar esta playa como se merece.




El domingo se levantó algo cansado, ayer apuramos mucho. Decidimos tirar ahora hacia el oeste y llegar hasta Albufeira volviendo hacia el hotel. Albufeira nos encantó, un pueblo costero bastante bien cuidado, con un puerto deportivo coloreado por la urbanización que le acompaña.






Nuestra siguiente parada fue la Praia de Benagil que para nuestra desilusión estaba en obras, pero la siguiente calita nos resarció de ese pequeño contratiempo. Con sus cuevas y su inesperado y potente chaparrón que nos dejó mojados, pues nos alejamos del coche confiados en el traicionero sol.






Paramos en Praia de Rocha donde nos recibió otro potente chaparrón que nos estuvo apunto de quitar las ganas de seguir.



La lluvia paró y nosotros incansables paramos en Portimão y estuvimos paseando por la ribera del río Arade y contemplando la curiosa Plaza del 1 de Diciembre con sus árboles "abrigados" con mantas de croché.





Nuestros queridos retoños estaban un poco casados de tanta playa y tanta morfología asi que decimos dejarlos en el apartahotel y visitar la cercana Plaia Nossa Senhora da Rocha en Porches e incluso nos acercamos a ver una exposición de figuras de arena.







El temible lunes llegó pero decidimos utilizar el viaje de vuelta como parte activa del viaje, pararnos en Faro y visitar esta pintoresca ciudad,








Nuestra siguiente parada fue casi en la frontera en Monte Gordo donde (ahora si lo digo)  comimos en el restaurante O Tapas donde saboreamos una cataplana y un bacalao dorado, entre otras viandas. Para bajar la comida paseamos por su playa y tomamos para despedirnos otro de sus fuertes y regios cafés Delta.





Muy buen fin de semana, muy buena compañía y muy buena tierra. Repetiremos seguro.

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