Amsterdam y los amsterdamers

Teníamos ya ganas de un viaje en familia y la pequeña de la casa el curso pasado estudió a Ana Frank y puso mucho interés en visitar su casa y en conocer de primera mano su legado. Pues dicho y hecho se unió el interés y la posibilidad.

Un amigo nuestro acababa de abrir una agencia de viajes (Viajes Polaris) y decidimos probar y viajar con su agencia. La experiencia ha sido de lo más gratificante.

El comienzo fue agridulce por un lado las expectativas y el nerviosismo del viaje y por otro una huelga de controladores franceses que nos hizo llegar con 4 horas de retraso a Amsterdam (sobre las 3 de la mañana). Otro ligero incidente con un recepcionista torpe y que le hizo un flaco favor a su cadena de hotel (ni la menciono ni pienso volver). Pero al final terminó el jueves (aunque ya era bastante viernes) y se acabaron los incidentes.



El viernes amaneció muy cansado y plomizo, lloviendo y ráfagas de viento frío, pero ya estábamos en "modo viaje" y no nos importó en lo más mínimo este hecho. Armados con nuestros impermeables salimos a conocer y disfrutar de la ciudad de la triple X.


Muy cerca del hotel había una parada de tranvía, que es el medio de locomoción que elegimos para esta salida, tras dudarlo compramos unos billetes válidos por 1 hora. Con cierto nerviosismo le comentamos a la cobradora que nos dirigíamos hacia Vondelpark y ella muy amablemente nos indicó la parada e incluso nos avisó al llegar a la misma.










Tuvimos pronto una primera anécdota cuando un puente en un canal comenzó a elevarse con nosotros encima, la sirena y la rápida reacción de Ágata nos puso rápidamente a salvo. La pertinaz lluvia a veces transformada en granizo no fue capaz de desanimarnos pues nuestro objetivo estaba claro disfrutar y conocer la capital de los Países Bajos.

Siguiendo nuestro paseo llegamos a la plaza Museumplein donde se encontraba el segundo objetivo del día el Van Gogh Museum. La experiencia de visitar el museo fue superior a todas las expectativas que traíamos, mucho más allá de los girasoles y autorretratos se nos reveló la transición de un Van Gogh campestre y realista en sus comienzos hasta el atormentado final de su existencia.








Un rápido almuerzo en la misma plaza Museumplein nos hizo recuperar fuerzas y poder seguir disfrutando de lo que todavía nos deparaba el día.


Decidimos vagabundear por las calles intentando llegar hasta nuestro siguiente objetivo, una vez alimentado la parte intelectual con Van Gogh pensábamos alimentar la parte terrenal visitando Heineken Experence. Durante el paseo nos encontramos con otro de los puntos a visitar el mercadillo de Albert Cuyp el cual ojeamos tranquilamente y recordamos ciertos puestos para futuras compras.

Al final del mercadillo giramos hacia el Singelgracht y ya en el canal volvimos sobre nuestros pasos hasta llegar a la casa Heineken, la visita es más que aconsejable, te informan del proceso de fabricación, historia y demás anécdotas con actividades interactivas.






Una rápida cena y a reponer fuerzas que el día ya amaneció cansado. 

Qué corta la noche, ya es sábado y tenemos un ajetreado día por delante, después de informarnos en recepción (con otro más "espabilaito") decidimos volver a coger el tranvía y bajarnos en una parada junto a un Starbuck donde desayunamos y paseamos por las calles hasta que, de pronto, junto a un canal (como no) apareció otro de los mercados recomendados el de las flores, por él paseamos y comenzamos a ver la parte picaresca de esta gran ciudad, con una tienda especializada en mushrooms y otros tipos de "aliños".




Continuamos bajando tranquilamente hacia la plaza Dam cuando en la distancia pudimos ver una enorme atracción de feria, habían ocupado la mencionada plaza y habían puesto un a serie de atracciones entre ellas una gigantesca noria que nos permitió contemplar unas vistas de la ciudad desde una perspectiva que pocas personas habrán tenido el placer de disfrutar.






Bueno hoy lo hemos planteado al revés primero la parte lúdica y luego la parte un poco más seria. Tuve la suerte de que en plaza Dam estaba la exposición de Word Press Photo : De Nieuwe Kerk y poder descubrir y admirar la obra de verdaderos profesionales y en muchos casos héroes que se juegan la vida para poder contra lo que sucede.




Ya estamos almorzados y vamos dando otro paseo hasta la casa de Ana Frank un lugar alzado como testimonio de la insensatez humana.


Ya teníamos media tarde encima pero decimos llegarnos hasta Centraal Station para informarnos de los horarios de autobuses para nuestro tercer día en tierras holandesas. Llegamos lógicamente sin inconvenientes, disfrutando de cada canal, esquina, cruce que se nos ofrecía por el camino. 



Al llegar lo primero que impresiona es el literal mar de bicicletas aparcadas esperando que sus dueños regresen del tres o autobús. Preguntando se llega a Roma y a la salida de los autobuses (en la parte más alejada de la estación), también aprovechamos para consultar los trenes hacia el aeropuerto sabiendo que tristemente tendría que llegar ese momento.




Desde la estación de autobuses se tiene una bonita visión del puerto marítimo.


Otra vez nos llega la tarde pero esta vez estábamos preparados y teníamos una idea en mente visitar el famoso Red light District que desde la estación central no distaba en exceso pues se accede desde la plaza Dam por el monumento del obelisco, erigido, también, para tener presente el horror del holocausto de la segunda guerra mundial.



A parte de clubs y tiendas más o menos especializadas, los famosos escaparates no nos dejaron indiferentes viendo como otra forma de explotación se sigue manteniendo hoy en día ante el amparo y beneplácito de la indiferencia de la mayoría.

Saliendo del barrio rojo encontramos el lugar donde cenaríamos el resto del viaje, al menos dos de nosotros, un wok donde pedíamos noodles con distintas salsas.



Bueno marchamos para el hotel que mañana espera otro día duro e interesante, visitaremos los pueblos de los alrededores.

¿Ya es domingo? El amanecer nos alcanzó con rapidez inusitada, pero bueno, hemos venido a currarnos Amsterdam, como ayer hicimos los deberes nos colamos en un salto en la estación de autobuses y después de preguntar nos encontramos en la oficina comparando los billetes donde amablemente nos informaros sobre la oferta godutch: "son 10€ por personas y podemos coger durante el día todos los autobuses interurbanos que quisiéramos (dentro de los establecidos)"-traducido del original-. 


Cogimos nuestra línea 314 y nos colamos en Edam, el impacto fue instantáneo, todo lo visto durante estos días era, por supuesto, de una gran ciudad, pero al llegar a este pueblo (y desde luego todos los demás) quedamos transportados a otro tiempo. Casa bajas, con pequeños porches sin rejas calles pequeñas y cuidadas... mejor mirad unas cuantas fotos.










Aún sorprendidos por Edam cogimos el autobús para Volendam, este pueblo algo más vendido al turismo tiene una calle llena de tiendas y bares (estilo paseo de Valdelagrana) donde pudimos disfrutar de excelentes vistas y mejores viandas.








Después de recibir una charla informativa sobre las virtudes y excelencias del queso holandés seguimos disfrutando de Volendam.





La idea era cruzar en barco hasta Marken, otro pueblecito marinero, pero al conocer que el barco que nos llevaría era otro barco turístico decidimos volver a nuestro querido y ya conocido autobús.

Un paseito y ye estamos en Marken otro típico y muy aconsejable lugar donde darse un paseo y perder la noción del tiempo y el espacio.











Este señor nos llamó la atención pues iba ataviado con los típicos zuecos en su quehacer diario.


No podíamos terminar la visita por los pueblos de la zona sin conocer, aunque sea mínimamente, Broek in Waterland. Al bajarnos del autobús en este pueblecito pudimos seguir contemplando esta arquitectura y esta forma de vida tan distinta a la nuestra. Calles desiertas sin apenas ruidos, gente charlando en sus terrazas tomando el sol en una agradable tarde primaveral.






Cuando volvimos a Amsterdam nos paramos en nuestra ya fija plaza Dam para por la zona cenar según nuestros gustos y pareceres. Al final encontré un zueco de mi tamaño.




Bueno ya es lunes y tenemos que aprovechar nuestro penúltimo día con los amsterdamers, después de nuestra obligada parada en el Starbuck consensuamos buscar otro de los famosos mercadillos el de Waterloo, una rápida orientación en el mapa y decidimos tomar otra nueva línea de tranvía que como era de esperar nos llevó hasta este mercadillo de segunda mano.







Una vez concluido el paseo por el mercadillo decidimos bajarnos en la plaza de Waterloo e integrarnos discretamente entre los turistas.





En la misma plaza la primavera nos regaló los espectaculares tulipanes que veníamos disfrutando desde hacía días.






Nos habíamos enterado de unas visitas guiadas a pie por el centro en la plaza Dam al volver a ll vimos que ya había vuelto a su normalidad, sin feria ni cacharritos, por lo visto la normalidad era una plaza viva con multitud de artistas callejeros que luchaban por atraer tu atención por unas monedas.





Nos pusimos en el lugar señalado por la empresa que realiza un tour en el que tu das una propina al guía sin precio cerrado, la experiencia fue muy positiva, aparte de ciertas cuñas publicitarias para sus tours de pago, pudimos conocer detalles y anécdotas que nos hubieran pasado desapercibidos. De pronto nos encontramos en un grupo con una pareja argentina, otra pareja con no dijo ni pío, una señora mejicana, nosotros cuatro y un guía madrileño. Con tan cosmopolita grupo comenzamos a movernos por el centro de Amsterdam.


Nos enteramos del origen de la ciudad de la protección de sus diques (dam) del río Amstel, nuestra curiosa guerra de los 100 años que al parecer para ellos fueron 80 (no sabemos que pasó en esos 20 años de diferencia), también se nos comentó ciertos problemas con otro hermano de Napoleón, aunque este al parecer este fue un poco mejor gobernante que nuestro Pepe Botella. Su riqueza traída por su posición privilegiada, su peaje para pasar por el canal su pasado comercial del que aun quedan huellas, todas las casas tienen un gancho en la fachada para poder subir a las partes altas (protegidas del agua) las mercancías y las fachadas inclinadas para preservar el género.




Ya en el siglo XX la mentalidad ocupa lugar de encuentro cultural del que cada vez quedan menos lugares, o el movimiento PROVO con sus bicicletas blancas "culpables" de que hoy en día sea la ciudad de la bici, y promotores de otra gran oferta de la ciudad los Cofee shops.



Una rápida visita por la parte visitable del Amsterdam Museum con su alfombra representando los países. Antes de llegar al museo vimos las Gevelsteen, antiguas indicaciones de calles para indicar donde estaban los oficios. La zona de Begijnhof donde solo pueden vivir mujeres mayores de 30 años solteras, con una larga lista de espera ejemplo de convivencia interreligiosa,





Para terminar otro de los grandes monumentos, desde mi punto de vista, a la ironía y a lo efímero del ser humano. La antigua cárcel convertida ahora en centro  comercial homenaje al consumismo.



Terminamos la interesantísima vuelta por el centro de Amsterdam en el barrio Rojo por el que ya habíamos pasado pero aprendimos nuevas cosas que no percibimos el primer día. Se nos hizo tarde el almuerzo pero mereció la pena, con creces.

La tarde comenzó a grisear pero no nos hizo bajar el ánimo, nos acercamos al mercado de Albert Cuyp de nuevo, donde mis avispadas compañeras de viaje ya tenían oteadas una serie de compras y recuerdos desde la anterior visita.

Ya con algunas compras realizadas pasamos por los canales buscando el barco que nos convenciera para realizar el paseo en los canales.





Después del llovido paseo en barco decimos alargar el día hasta la noche y recogernos un poco más tarde, y pudimos contemplar otros aspectos luces y colores de esta maravillosa ciudad.


El martes nos levantó ya con el nerviosismo de la vuelta, paramos en el mercado de las Flores, fuimos a Centraal Station de allí al Amsterdam Airport Schiphol, aereopuerto de Sevilla y casita.



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