En tierras de Don Pelayo
Domingo 9 de julio, amanece en nuestra casa más temprano de lo normal 5:30. Un rápido café terminar de completar los últimos detalles y a las 6:15 salimos con más ilusión, que energías, de momento.
Las niñas utilizaron su, ya depurada, técnica de no dormir durante la noche para hacerlo durante el viaje, paramos para desayunar y continuamos la marcha, pasando Zamora (en Castro Gonzalo) llenamos de nuevo el tanque y en una preciosa área de descanso del Embalse de los Barrios de Luna volvimos a parar para almorzar.
A las 15:00 horas llegamos a la comunidad Asturiana y a las 16:45 llegamos a nuestro hotel rural Hotel Alto do Sella. Un increíble lugar, totalmente acorde con su entorno, a orillas del Sella a unos 6 kms de Cangas de Onís. El trato y la cocina inmejorables.
Como no íbamos a perder la tarde salimos a visitar Cangas, y su Puentón que aunque llamado romano es medieval. La lluvia empezó a avisar que también sería parte del viaje.
Callejeando, encontramos lugares pintorescos
De vuelta al hotel paramos a probar la sidriña que como buenos neofitos no escanciamos, pero si pudimos disfrutar gracias a los modernos gadgets.
Nuestra primera de muchas comidas dietéticas nos llevó a la habitación del hotel para buscar descanso.

Enlace con los lugares visitados y kilómetros realizados.
Lunes 10, después de un desayuno casero salimos en dirección a la mítica Ribadesella, pues ese era nuestro primer objetivo. Pero mientras mis princesas asturianas se preparaban, me dió tiempo pasear por los alrededores del hotel.
Comenzamos con la playa de Gulpiyuri, indescriptible paraje donde encontramos una playa que no da al mar directamente, sino a través de una estrecha grieta de un interminable acantilado, creando un efecto que aquí denominan "bufon".
Zona del acantilado que da al mar.
Una vez completado el paseo seguimos hasta los Bufones de Pría, que con marea alta y mal tiempo sería un grandioso espectáculo de la naturaleza, pero la marea y el tiempo no nos acompañaron. Pero pudimos sacar irrepetibles fotos del acantilado y de la playa de Guadamía.
Volviendo hacia Ribadesella nos encontramos con el tercer punto a visitar el acantilado del Infierno donde aprovechamos para admirar el paisaje y tomar un ligero tentempié de media mañana.
Llegamos a Ribadesella, por la que paseamos, después de degustar unos tercios de Estrella Galicia y comer "algo" .
Nos pasamos por la playa la Griega en Colunga donde realizamos un corto recorrido, bien señalizado, hasta llegar hasta unas icnitas (huellas fosilizadas) de dinosaurios del Jurásico. Por suerte, nos coincidió, con una concentración de regatistas y nos hizo comprender la gran afición que existe por estos lares por tal deporte.
Salimos hacia el conocido (por la serie de la televisión Doctor Mateo) Lastres. Donde visitamos el pueblecito y tomamos un café.
Salimos hacia la Cuevona, otra maravilla que nos regala Asturias, una gran cueva kárstica que es el único acceso al pueblo la Cueva del Agua.
Desde aquí ya sólo nos quedaba volver al hotel y reponer fuerzas con las opíparas cenas, con las que nos agasajaban.
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Martes 11, por fin el sol nos acompaña y con rapidez decimos cambiar nuestros planes y acometer el descenso del rio Sella, desde nuestro hotel gestionamos todo y salimos hacia Arriondas desde donde empezaba el descenso de 14 km hasta Ribadesella.
Montaje con los momentos más impactantes del descendo.
Después de esos majestuosos 14 km en el mítico Sella, llegamos al hotel para ducharnos descansar un poco y aprovechamos el buen día para visitar el mirador del Fitu
Vuelta para seguir "sufriendo" en nuestro gastro-hotel.
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Miércoles 12, nuevo día y nuevos retos. Comenzamos visitando la Basílica de Covadonga e intentando la primera subida a los lagos, que el tiempo y la niebla nos ha impedido realizar.
Con el fin de proteger el Parque Nacional de Picos de Europa han diseñado un plan de acceso a los Lagos de Covadonga para asegurar la sostenibilidad de este enclave único. Este plan regula el acceso los días de máxima afluencia.
Esto se traduce en que se cierra la carretera de acceso de 8;30 a 20;00 y solo se puede subir en autobús que para cooperar con el medio ambiente "sólo" cuesta 8€ por adulto, aunque te puedes bajar y subir del mismo todas las veces que quieras. Hay una webcam que te informa del tiempo y visibilidad en los lagos.
Después de esta visita más espiritual, bajamos al mundanal terreno y salimos hacia Cabrales donde paseamos tomamos unas cervezas y, para variar, comimos estupendamente en la Sidrería Ribeles.
Después de la estupenda comida, salimos con la idea equivocada de llegar a Cain enlazando desde Poncebos, Parte alta y baja respectivamente de la ruta del Cares de unos 11 kms, pero curiosamente no se puede llegar hay unos ciento y pico de kilómetros en coche, entre ambas. Aprovechando el error seguimos en dirección Tielve hasta llegar a Sotres, pueblo más alto de Asturias e increíblemente lleno de turisteo.
Lógicamente por la empinada y serpenteante carretera fuimos parando y disfrutando de las paradas y de los paisajes que se nos ofrecían.
Para no perder la tarde le preguntamos a un guardia civil si nos podía recomendar una rutilla por la zona, que llegaba hasta un refugio de montaña, aunque al avanzar un escaso kilómetro la abandonamos pues el pasaje era algo monótono y nos quedaba un largo camino por una sinuosa y estrecha carretera. Aunque nos dio tiempo a juguetear con las nubes de las que estábamos más altos
Intentamos subir en el funicular del Naranjo de Bulne, pero el mal tiempo nos hizo desestimar la idea, también volvimos a mirar la webcam de los lagos y también fue rechazada la propuesta, sólo nos quedó volver para reponer fuerzas y descansar.
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Jueves 13, este día siguiendo los consejos de nuestros amables hospedadores decidimos tirar hacia Cain por el Puerto del Ponton pero sin prisas disfrutando del paisaje y de los numerosos miradores con los que cuenta la estrecha carretera. El tiempo continuaba dispuesto a ser el principal protagonista con espesos bancos de nieblas por el camino.
Una vez en Cain comenzamos la Ruta de río Cares, esta ruta normalmente se hace desde Poncebo hasta Cain donde se come y descansa y se vuelve, unos 22 km. También existen empresas que llevan de vuelta a Poncebo y una tercera opción, que es la que usamos nosotros, que es realizar desde Cain los primeros 4 o 5 kilómetros, que nos comentaron que son los mas bonitos, y volverte.
Esta ruta la abrieron a pico y pala y fue la única vía de comunicación entre los pueblos que como ya comenté por carretera están a mas de 100 km de distancia.
La ruta es de las más impresionantes que he realizado, aunque sólo llegamos hasta la pasarela de los Martinez (a unos 4 kilómetros). Desde este punto la estrecha garganta se abre y sin restarle importancia, nos sirvió para hacernos una idea de la grandeza de la ruta.
Dispuestos a realizar una locura, después de la ruta decidimos tirar para Gijón, cosa que después vimos que no fue buena idea pues fueron muchos kilómetros de coche y no llegamos con tiempo para dedicarle el tiempo necesario a la villa de Xixón. Pero como pincelada y primer acercamiento podemos darlo por válido, incluso pudimos probar el helado de fabes y de cabrales (para gustos los colores).
Aún así llegamos a tiempo de pegarnos otra cenita más que decente.
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Viernes 14, último día de este increíble viaje, de entre las miles de sitios que nos quedan por ver, decidimos ir, de nievo, a la costa y tiramos para Cudilero, por donde paseamos, nos fotografiamos y almorzamos unos espectaculares platos marineros.
Una vez comidos nos fuimos a Cabo Peñas otro paradisíaco lugar que no os debeis perder, donde tomamos un cafelito después de contemplar unos acantilados que cortan la respiración.
Nos dirijimos a Cangas de Onis para realizar las compras de rigor y decidimos subir a los lagos, aunque la webcam nos seguía indicando que la visibilidad era nula.
Lógicamente la información era correcta y sólo pudimos acceder hasta el lago de Enol con una niebla de las más espesas por las que he conducido.
Ya en el hotel nos regalamos con nuestra "ultima cena" asturiana, por supuesto y aprovechamos para despedirnos de nuestros, más que amables, caseros.
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Sábado 15, la tristeza de la marcha sólo se ve mitigada por el nerviosismo del regreso. Recoger, desayunar y sobre las 11 salimos para el sur.
Viendo como el termómetro iba subiendo a la vez que nos acercábamos, fuimos tomando consciencia de lo que nos esperaba.
Sobre las 21:00 ya en casa apreciamos que al final habíamos cambiado el sonido de los pájaros por el de los coches y el arrullo del cercano río Sella por el ruido del ventilador.
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Lo mejor de todo es poder compartir en familia este privilegio que regala a nuestros ojos la naturaleza
ResponderEliminarLas risas..la complicidad..loa momentos..
Precioso viaje y preciosa familia. Nos debemos una. Besos
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