Cuenca y lagunas de Ruidera

Otra de las muchas muescas pendientes en nuestro blog viajero era esta milenaria ciudad y sus alrededores. Debo decir de antemano que no sólo no defraudó sino que multiplicó sobradamente nuestras expectativas.

Aprovechando un puentaco salimos a conocer Cuenca y a la vuelta parar para empezar a conocer las lagunas de Ruidera en una rápida y breve pernoctación camino de casa.

Salimos el jueves 27 de febrero y con las habituales paradas cada par de horas nos colamos en nuestro destino en unas 6 horitas y media. Esta vez optamos por airbnb y alquilamos un pequeño ático perfectamente situado en la zona más interesante de la ciudad. Tras instalarnos, descansar un poco salimos a estirar las piernas y comenzar a orientarnos para ver que tesoros nos tenia preparado este viaje.

Al salir del apartamento nos encontramos un precioso paseo a la ribera del río Júcar a los pies de la elevada población, que nos llevó a unas pequeñas cascadas que invitaban a su contemplación.


















Después de subir unas largas escaleras llegamos a la puerta de San Juan por donde accedimos al casco antiguo.

Continuamos ascendiendo hasta llegar a la Plaza Mayor donde paramos un rato para admirar una de las primeras construcciones del gótico español, la Catedral construida como otras tantas encima de una antigua mezquita.









Continuamos nuestra marcha por, en estos momentos, tranquila ciudad y el callejeo (ayudado por gmaps) nos llevó a otro de los lugares emblemáticos de la ciudad las casas colgadas y para mayor disfrute han colocado el puente de San Pablo una estrecha pasarela de metal y madera no apta para personas con vértigo.














Tanto paseo lógicamente nos dio sed y paramos en una plazoletilla a reabastecernos bajo la atenta mirada de Alfonso VIII que después de conquistarle esta cuidad a los musulmanes en 1177 decidió quedarse por estos lares.


La noche y el madrugón nos iba haciendo mella y optamos por cenar de forma "ligera" en los alrededores de la pernocta. Buscamos información en los lugareños y llegamos a la calle San Francisco donde nos encontramos una zona peatonal repleta de bares, después de unas pruebas nos decidimos por el mesón jose donde empezamos a descubrir los platos típicos de la zona las abundantes tapitas que acompañan a la cerveza o al vino y familiarizarnos con nombres tales como morteruelo, zarajo, ajorriero...

Viernes 28 de febrero hoy tenemos el día reservado para realizar un par de rutas por la sierra, comenzamos con un poco de indecisión pues tuvimos que volver a Cuenca para repostar pero luego del incidente nos lanzamos hasta el nacimiento del río Cuervo algo alejado de Cuenca, unos 80 km, pero merece sobradamente te la pena. Tras seguir una buena señalización llegamos a una cómoda ruta de un par de kilómetros entre altos pinos y cascadas.










Una vez recorrido lentamente la ruta nos lanzamos a otro de los retos del día la ruta de los Callejones cerca del pueblo de las Majadas. Para llegar a ella el gps nos mandó por una estrecha carretera durante unos 20 km (después vimos que se podía hacer desde el otro extremo de la carretera y serian solo 2 km de carretera mala). Cuando llegamos al inicio de la ruta vimos la hora y decidimos comer primero (estábamos a 2 km del pueblo) para regresar después. Increíblemente en el pueblo no encontramos un bar abierto de los tres que había uno cerrado por pintura, otro cerrado sin explicaciones y un tercero de una casa rural que solo atendía a sus clientes. Este contratiempo nos permitió saborear en el espectacular restaurante Nelia en Villalba de la Sierra, una exquisita comida creativa como este ajorriero con albaricoque con forma de copa de helado, alubias con almejas y unas sabrosas migas.


Volvimos por nuestros pasos y llegamos de nuevo hasta el comienzo de la ruta de los Callejones donde esta perfectamente indicado por unos postes (89) la ruta larga, lógicamente puedes acortar dando pie a tres rutas de distinta dificultad.

La erosión diferencial en la dolomita evolucionó creando inicialmente un lapiaz (grandes surcos y grietas) que en el estadío actual presenta unos encajados paredes que simulan caminos y callejones imposibles con formas caprichosas esculpidas por una etílica Gaia.














Para mi parecer es mucho más interesante que la Ciudad Encantada (que nos auto-obligamos a visitar al día siguiente) con la misma génesis, igual geomorfoloía y las mismas formas pero sin colas, multitudes, tienda de regalo y precio para entrar.

Una vez terminado el agradable paseo de no mas de 3,5 km desde el coche nos acercamos a un mirador cercano donde pudimos admirar unas panorámicas de la zona ya con el sol poniente.




Duchazo, cena y a descansar que el sábado caduca nuestra escapada conquense.

Sábado 29  este día extra regalado nos lo pensamos repartir entre la ya comentada y sobre valorada Ciudad Encantada y continuar con nuestro descubrimiento de la ciudad.

Salimos hacia la ciudad encantada donde lo primero que nos llamó la atención fueron la gran cantidad de coches y la cola para acceder al recinto, una vez pasados por taquilla comenzamos a pasear entre familias, visitas organizadas, grupos concertados y alguna que otra estructura geológica.







Como se puede apreciar no es posible diferenciar una zona de otra, salvo por la nutrida compañía.

Volvimos a Cuenca con el sabor agridulce de la belleza natural presenciada en conta del mercantilismo y borreguismo del que hemos sido copartícipes.

Decidimos descansar en nuestro centro neurálgico y una vez repuestos y acicalados salimos en dirección de museo paleontologico donde disfrutamos, literalmente como niños, con el bien organizado y presentado museo.









Decidimos dar un paseo por el casco antiguo, comenzamos bajando la pronunciada cuesta y vagabundeando llegamos hasta el paso del río Huécar y esta vez pasamos por debajo del ya visitado puente de San Pablo desde donde inciamos otra abrupta subida y al llegar de nuevo al casco decidimos parar en un pintoresco pub llamado taberna Jovi donde compartimos unas pintas.






Seguimos paseando sin rumbo predeterminado entre los escurridizos callejones hasta que la oscuridad transformó la ciudad en una bella durmiente con sus cálidas luces.







Sólo nos quedaba regresar tranquilamente a nuestra zona de bares y después de probar en otro de la misma calle volver al mesón Jose donde entre maridaje de la zona degustamos zarajo, revueltos y varias de las tapas que nos ofrecieron.


Domingo 1 de marzo, nos levantamos y recogimos nuestros enseres pero no con idea de abandonar ya Cuenca sino de visitar la parte alta y su castillo, amén de los sempiternos recuerdos del viaje.










Ahora si, toca despedirse de Cuenca y salir con tranquilidad camino de Ruidera.

Llegamos a Ruidera como siempre a la hora de comer, el alojamiento no nos resolvía este menester y nos acercamos al restaurante Victoria donde sólo servian menus pero comimos y bebimos por un precio excelente con platos muy buenos y abundantes.



Merecido descanso después del opíparo almuerzo y salimos para aprovechar la tarde y conocer las lagunas de Ruidera uno de los humedales más emblemáticos, produciéndose las distintas lagunas por la precipitación del carbonato de calcio disuelto en la propia agua que crea una serie de barreras naturales que el propio río debe ir sorteando.






 


La avifauna y vegetación no le deben tener envidia a este monumento geomorfológico.

El lunes amaneció con fuerte tormenta y vientos racheados producto de la borrasca Karine que atravesaba la península, por lo que cambiamos la idea del viaje de vuelta y lo hicimos del tirón (con las paradas oportunas para estirar piernas).

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