Lisboa y Sintra

Este viaje aunque muy esperado estuvo a punto de no realizarse por factores externos a nosotros, pero decididos a que nuestra vida la organizamos nosotros y todo mal que no sea de salud no es tan problemático nos armamos de valor y tiramos pa´lante. Aunque hasta casi última hora de la tarde no se terminó de gestionar y cerrar este viaje, planificado desde diciembre del año anterior, pero... al final todo más que perfecto.

Salimos el viernes hacia Aljaraque (ese pueblo perdido por Huelva) nuestra ya habitual puerta de entrada a Portugal, vuelta a degustar las viandas del restaurante Bernardino y esta vez en compañía de nuestros anfitriones aljaraqueños, salimos los cuatro hacia tierras lusitanas.

Durante el camino pasamos por hasta 3 tipos distintos de peajes (nos cascaron 20€ de penalización por no saberlo):

  • Tramos Agarve: paras con tu coche metes l tarjeta de crédito y cada ciertos tramos te echan una fotito y te la cargan a dicha tarjeta.
  • Tramos Lisboa: paras en una estación de peaje y retiras un tiket que cuando vas a salir de la autopista, te lo piden (sino te cascan los 20€) y te cobran el importe.
  • Tramo Puente: para entrar en Lisboa pasas por el Ponte 25 de Abril paras y directamente te cobran por cruzarlo.

Sábado 8

Con ganas e ilusión sobre la marcha decidimos cambiar la programación del viaje y el paso de llegar hasta Fátima lo desestimamos (añadía unos 160 km) en ganas de empezar a disfrutar antes de la capital.

Nuestro inestimable navegador nos llevó, sin dudar, hasta el Hotel Lisboa Plaza, lugar muy acogedor cerca del centro histórico y del Barrio alto lo que nos permitió dejar el coche y realizar todos los desplazamientos andando. Después de un rápido Check-in nos lanzamos sin demora a degustar todo lo que Lisboa tenía que ofrecernos.

Desde el hotel bajamos paseando por la amplia Avenida da Liberdade, hasta llegar a Praça dos Restauradores donde encontramos un pintoresco funicular (Carris) que utilizan sobre todo los turistas para salvar los considerables desniveles con el Barrio alto.





Nos desviamos un pelin a la izquierda y llegamos a Praça Dom Pedro IV  en ese punto nos paramos a planificar el plan de ataque, que regado con Sagre se planifica mucho mejor.



Desde la misma plaza se podían apreciar los arbotantes Convento do Carmo, superviviente del terremoto de 1755.


Decidimos llegar hasta el río y cogimos por la Rua Augusta que, a pesar de la gran cantidad de sombrillas nos permitió buenas vistas del Arco da Rua Augusta y le estatua ecuestre de la Praça Do Comercio de José I (monarca reinante en el terremoto).


Bajando hacia el Tajo vimos el turístico Elevador do Santa Justa que también se utiliza por los turistas para unir la zona donde nos encontramos La Baixa con el Barrio alto.


Al llegar a la Praça Do Comercio dedicamos un rato a disfrutar del impresionante estuario del Tejo (Tajo).

 





El estómago nos estaba gritando ya con desesperación, cogimos por Rua do Arenal pasando por la pintoresca  Praça Do Municipio con sus esculturas metálicas.




Llegamos a una fuerte subida hacia la zona alta por Rua do Alecrim con unas callejuelas arrancadas de otro tiempo.





Llegamos hasta Praça Luís de Camões y siguiendo la calle a la izquierda llegamos hasta un pequeño restaurante Solar do Loreto en Rua Horta Seca, donde comimos unos platos de bacalao dorado y a la plancha increíbles.

Decidimos volver al hotel para descansar un poco, pero lo hicimos callejeando por la zona alta.


Hasta que llegamos a Miradouro de São Pedro de Alcântara cercano al hotel y balcón privilegiado.


Una vez repuestos volvimos a atacar la capital lusitana y decimos disfrutar de los últimos rayos de sol de la península ibérica y paseamos hasta Fähre nach cacilhas donde dedicamos un buen rato a contemplar y fotografiar la puesta de sol.





Una vez pasado el ocaso, nos tomamos otra Sagre esta vez en Hennessy's Irish Pub and Restaurant con buena música en directo.

Siguiendo indicaciones del inestimable google buscamos un restaurante cercano al hotel y después de dudar entre varios nos decidimos por el Restaurante Quermesse donde comimos excelentemente comida de la zona pero con un aire moderno y muy bien atendidos por una simpática camarera que hablaba muy bien español.


Una vez cenamos subimos por Rua da Conceição da Glória y llegamos de nuevo a Miradouro de São Pedro de Alcântara donde hay una zona de copas aunque algo juvenil y en vaso de plástico para nuestro gusto.


Desandamos nuestros pasos hasta el hotel dando por terminado este bien aprovechado día.

Domingo 9

Nos levantamos tempranito, en horario portugués y después de un desayuno reponedor nos lanzamos a por el segundo asalto hoy tocaba día de tranvías. Nos acercamos a la estación de metro de Restauradores, donde compramos unas tarjetas que recargamos con 6,20 € que nos permitía subir y bajar todos el día de los tranvías.


Salimos en dirección Praça Figueira, de donde parte la línea 15 del tranvía, que nos debe de llevar hasta Belem. Una concurrida cola nos indicó que habíamos llegado al sitio correcto.



Unos 40 minutos de "agradable" paseo en tranvía y llegamos a Belem nada más bajarnos, nos llamó la atención dos cosas: el majestuoso Mosteiro dos Jerónimos mausoleo donde reposa Vasco de Gama y una enorme cola que daba vuelta al enorme monasterio. Paseamos por los alrededores y jardines admirando el magnifico ejemplo del estilo manuelino 



Esquivando a otros de los sufridos turistas pudimos sacar algunas buenas fotos de la fuente de la Jardim da Praça do Império con el monasterio de fondo.



Como en la capital teníamos que seguir bajando en dirección al Tajo y ese andar nos llevó hasta la Padrão dos Descobrimentos donde seguimos nuestro duro trabajo de fotografiar monumentos.



Cansados de nuestro arduo trabajo, tuvimos que parar de nuevo para reponer fuerzas en una cafetería que estaba en un pantalan cercano a la Torre de BelemConfeitaria Nacional Belém.


Algo más repuesto continuamos paseando por la orilla hasta llegar a la torre donde volvimos a tener la triste recompensa de viajar en fiestas y la cola nos hizo desistir de visitar su interior.



El regreso hacia la parada nos permitió volver a contemplar desde otro ángulo el Farol de Belém.


Llegamos a Lisboa a la hora perfecta para comer y nos acercamos a un restaurante que nos habían recomendado Príncipe do Calhariz bastante económico pero rudos en el trato los camareros.

Salto a nuestro bien situado hotel, descansito y listos para el último ataque a Lisboa. De camino a la Praça Martim Moniz de donde sale el tranvía 28 que nos a de llevar hasta el Castelo de S. Jorge y la zona de Alfama, pasamos por la Igreja De São Domingos.

Una larga espera al tranvía nos privó de la visita al interior del castillo, pero la visita a los alrededores y las vistas desde el Miradouro do Castelo bien valió el tiempo empleado.







La vuelta la hicimos paseando con la única indicación de seguir cuesta abajo, hasta que volvimos a llegar la zona de santa Justa.Allí decimos repetir cena en Solar do Loreto, tras la cual volvimos dando otro agradable paseo hasta el bar del hotel.

Lunes 10
El ultimo día en Lisboa nos llevó temprano hacua el desayuno y después hacia nuestro siguiente objetivo Sintra. Nuestro Audi y su GPS nos llevaron hasta la cercana Sintra, aunque estaba algo desactualizado porque nos llevó por una empinada calle en dirección contraria, después de investigar conseguimos llegar hasta nuestro nuevo y bien situado hotel el Tivoli Sintra. Dejamos las maletas en el coche dentro del parking, pues no estaban las habitaciones listas, y nos lanzamos a conocer el abarratodo pueblo, empezamos esperando el autobus que nos llevaba hacia los castillos, el 434, pero entre las calles llenas de turistas, como nosotros, empezamos a sentirnos jubilados en Benidorm. 
 
Un rápido cambio de planes y dejamos los castillos para la tarde, subimos andando hacia Quinta da Regaleira donde, por fin, pudimos entrar y disfrutar de los maravillosos y exotéricos jardines y castilletes.








Después de otra buena cerveza a mitad de recorrido, continuamos paseando por los jardines y cuevas.




Al terminar el agradable recorrido, nos volvimos hacia el centro del pueblo para almorzar en un restaurante que nos habían recomendado, pero nuestra expectativas cayeron al probar los platos. Alimentados, pero no comidos. nos fuimos hacia nuestro hotel para terminar el check-in y descansar un rato para poder realizar la visita a los castillos.
 

Antes  de quedar con nuestros siesteros amigos, decimos pasear por el pueblo a ver si se nos quitaba esa sensación agridulce de: pueblecito turista quemado por los turistas, salimos y deambulamos por las empinadas calles e incluso probamos en una copita de chocolate el Ginja licor de guindas, bastante parecido al licor del valle del Jerte de nuestra tierra.

Una vez completada la cuadrilla nos llegamos a Largo Dr. Gregório de Almeida y cogimos el autobus, despues de una temeraria subida, con coches apartandose (mejor esquivando) del camino de nuestro motorista de ônibus llegamos, sanos y salvos, a la parada del castillo.






Si quereis visitarlo por dentro el Castelo dos Mouros debeis comprar las entradas junto a la carretera, después teneis un fresco paseo bajo la mirada de una imponente pared de granito hasta la puerta del castillo.
 





En lugar de volver a la parada del autobús, decimos seguir una verdea que nos llevó a la entrada del colorido Palacio de la Pena, al que no pudimos acceder pues cerraba a las 7 y tienes que subir en un autobús interno.



Sin desánimo ni temor, volvimos a subirnos al 434 para bajar al pueblo. Volvimos a pasear por la bonita avenida Volta Duche con distintas estatuas y vendedores de artesanía, pasando por la Fonte Mourisca y el Palácio Valenças.


Continuamos paseando y disfrutando de la gastronomía y cervejerias del pueblo.



 Cuando la noche cayó sobre el pueblo los turistas volvieron a sus respectivos cuarteles y nos dejaron disfrutar y comprender el por qué de la fama y el encanto del pueblo y sus rincones.





Martes 11

El amanecer nos despertó con el sabor agridulce del retorno y las ganas de continuar, pero quedaban varias horas de viaje.

En el camino cruzamos el atirantado Ponte Vasco da Gama el más largo de Europa y volvimos a sufrir los variopintos peajes de Portugal.
 

Paramos un par de veces para estirar piernas y cartera hasta que llegamos a Monte Gordo y fuimos a nuestro restaurante habitual el O´Tapas donde nos despedimos por todo lo alto de la cocina portuguesa.


Rápida despedida en Aljaraque y sin ninguna anécdota que contar llegamos a casa con la sensación de un completo fin de semana y de haber reforzado aún mas una buena amistad.

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